Un reciente artículo científico ha puesto en evidencia la relación entre la escasez de alimento y la baja reproducción de una de las poblaciones de orcas del Pacífico Norte. Se trata de las orcas residentes del sur, una subpoblación formada por tres manadas (Pods) que se alimentan fundamentalmente de salmón y viven de forma permanente en las costas del estado de Washington y la Columbia Británica.

El efecto negativo de la escasez de salmón en la abundancia de estas orcas se había apuntado en otras publicaciones anteriores, pero es la primera vez que se demuestra científicamente que periodos prolongados de hambre pueden producir problemas reproductivos en los cetáceos. Esto ha sido posible gracias al conocimiento de los niveles hormonales de las orcas durante el embarazo, que se describieron gracias a las investigaciones realizadas con animales en los parques de SeaWorld hace más de una década. En la investigación actual, los científicos han podido determinar cuando las orcas estaban preñadas midiendo la concentración hormonal en sus heces y utilizando como niveles de referencia los publicados para orcas en zoológicos. Para encontrar las heces de las orcas se utilizaron perros entrenados, de manera que se pudieron obtener cientos de muestras entre los años 2008 y 2014. El análisis de las heces también muestra una elevación de los niveles de hormonas corticoesteroideas (cortisol) asociados a la escasez de salmón, lo que indica que los animales estaban pasando hambre.

Gracias a esta metodología los investigadores han determinado que en los últimos seis años solamente el 37% de las hembras preñadas de esa población llegaron a parir crías, es decir que más de dos terceras partes de las gestaciones se interrumpieron. Los autores comparan esta situación con la hambruna producida en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial donde se redujeron los nacimientos en un 30%. Es indudable que la pérdida sistemática de más del 60% de las crías es insostenible para esa población de orcas a medio plazo, ya que en la actualidad cuenta solamente con 78 individuos.

Todavía no se conoce muy bien el mecanismo que produce los abortos, si es simplemente la desnutrición provocada por la falta de alimento, o la movilización de tóxicos debida al consumo de las reservas grasas. Se sabe que las orcas almacenan grandes cantidades de tóxicos liposolubles en sus reservas de grasa, y un periodo prolongado de hambruna puede movilizar esos depósitos grasos y liberar los tóxicos que pasarían al feto por la sangre. Incluso en el caso de que una cría pudiera nacer, se sabe (gracias a investigaciones en zoológicos) que estos tóxicos se transmiten eficazmente a través de la leche a la cría, lo que podría comprometer su débil sistema inmunitario. Los efectos de estas sustancias contaminantes en el sistema inmunitario en orcas se están estudiando por expertos como los de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) que tomaron muestras de sangre de las orcas de Loro Parque a principios de año. Esas muestras, que se siguen analizando en Estados Unidos, servirán para conocer mejor como impactan estas sustancias en la salud de las orcas y predecir los efectos de unos niveles de contaminación crecientes en el mar.

Una vez más se hace patente como la sobrepesca y la contaminación afectan gravemente a las poblaciones de cetáceos en nuestro Planeta. Pero no solo eso, los autores de esta investigación apuntan que este mecanismo de falta de alimento y exposición a contaminantes orgánicos liposolubles podrían estar también afectando a las comunidades de nativos americanos que dependen de la pesca del salmón en esa zona. Esperamos que esta investigación sirva para que la administración norteamericana regule las pesquerías de salmón y el uso del hábitat costero y riverino de la zona para proteger a las poblaciones de nativos americanos.